No quiero caer en juegos victimistas ni positivistas tóxicos. De una parte me niego a decir que todo se sale de mis manos y que me juega en contra, que no nací para esto o que las dificultades me superan. Por la otra me opongo a decir que esta es una experiencia enriquecedora, que esto me va a hacer mejor y que al final del proceso todo habrá valido la pena.
Porque es cierto y no. Y porque no me gustan los discursos emotivos, al menos no de cara a los demás -puede que internamente funcionen-.
¿Pero de qué carajos estoy hablando?
De bordar. Y de aprender. Y de estudiar.
Yo jamás pensé que iba a estar en un proceso creativo parecido a la elaboración de una tesis. Un desarrollo de un producto, viendo materiales y explorando formas y colores. Si sirve o no. Si me gusta o no. Si lo puedo vender o no. La verdad es que mientras bordo esas cosas muchas veces no tienen peso, estoy bordando, pinchando la tela, enhebrando la aguja, bovinando una naveta o lavando telas. Y eso no requiere mucho de un análisis técnico. A veces solo bordo para mí, por el placer de hacer. De escuchar la aguja pinchar la tela en un tambor bien templado, dando un ritmo agradable pero no arrullador. Escuchar también la naveta cuando la lleno de hilo y traquea en un repetitivo tic-tac, tic-tac.
Me gusta leer los planos, o ver los patrones, sentir el hijo y maravillarme del brillo de los colores. Pensar en las posibilidades de los materiales e ilusionarme con piezas que jamás haré porque no tengo el tiempo ni los recursos. Me gusta sentir, ya sé que lo que voy a decir es una bobada enorme, correr la tradición por mis manos mientras bordo o tejo, pensar que eso va a alguien que quiero o me lo encargo y que mi tiempo se transformó en un esfuerzo que terminó siendo un objeto con un sentido estético y con un valor manual. Me gusta, me emociona, me da tranquilidad, me hace sentir un lugar en el mundo, en mi mundo.
La parte que no me gusta de esto es hacer los costos. Mirar en cuánto puedo vender lo que hice. Tampoco es tan chévere intentar racionalizar una cosa que creo que es más de corazón: cómo van las puntadas, qué colores usar. A veces no quiero usar un color en específico o un hilo en particular, a veces solo tengo un color y una materia prima para trabajar y hago lo que puedo.
Pero tampoco podría caer en la charlatanería de justificar cualquier cosa. Es cierto que se necesitan materiales específicos para técnicas específicas. Que no todo vale. Es difícil hacer un equilibrio entre la lógica de la producción y el ensoñamiento de la magia del artesano. Y esa es mi frustración de hoy.
Pin de Sandshrew bordado a mano para un encargo. Hilo DMC sobre paño.
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